365 lejos de casa

Mientras veo completamente alucinada como una mujer se ha quedado dormida esperando su turno para ir al baño, he decidido que este es el mejor sitio para escribir mi última entrada del blog, es decir, desde el avión que me lleva de regreso a Madrid.

Por cierto, ¡¡¡sorpresa mami y papi!!!

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Vuelvo a casa, y no lo hago por Navidad, lo hago el día de padre, es decir, 365 días después de haberme ido. Vuelvo a casa, me gusta como suena por eso lo repito tanto, y regresó con una sensación de orgullo difícil de explicar. Pero entendedlo, he sobrevivido un año entero a comida cocinada por mi!!! Ni los de Pekín Express pasan por pruebas tan duras.
Ha sido un año repleto de buenos momentos, de muchísimas risas, de decisiones difíciles, de dudas y de sorpresas muy agradables.


No echaré de menos el levantarme a las 5 de la mañana para ir a trabajar, pero nada de nada, ni un poquito, ni lo más mínimo; se acabó lo de pensar en inglés durante 9 horas al día, que ya os comento que es agotador; adiós al ‘double-double’ y a las poutines, a lo de no saber el precio final de las cosas porque siempre hay que incluir una tasa más, y por supuesto, se acabaron las propinas del 15%.

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20150509_191848Sin embargo ya no veré mi querido Coal Harbour, ni disfrutaré de las puestas de sol los viernes en English Bay, se acabó mi adicción a la Canadá Dry, ni viviré esos 5 segundos de ‘tensión-diversión’ cuando una mofeta se te acerca y no sabes si huir o permanecer como una estatua. Se acabaron los hikings de los fines de semana y el sushi barato (frase de Fla).

Pero señores, vuelvo a mi Madrid, al Vips, a despertar con los gritos de Miguel y Cla, regreso a disfrutar de esas tardes de baloncesto…Eso no está pagado. Eso es vida.
Hago un inciso para comunicaros que la azafata ha venido para despertar a la señora que estaba de pie. Anonada me quedo con la capacidad de la gente. Continuamos con el relato lleno de sentimiento. Entren en modo sentimental. ¿Listos? Allá vamos.

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Vuelvo a mi ciudad y lo hago con el pelo un poco más corto, con muchas sudaderas nuevas y con la satisfacción del trabajo bien realizado. He vivido y trabajado en una ciudad que no es la mía, en un lenguaje que definitivamente no es el mío y con el que he peleado mucho pero ahora me siento feliz de decir que ya no le tengo miedo.

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Vuelvo a casa sabiendo que en estos 365 no he dejado de pelear ni un solo segundo, que no he dejado que ningún obstáculo me parara y que cuando hoy la manager y mis compañeros se despedían de mi lo hacía con lágrimas en los ojos porque he dejado huella en Vancouver.

365 días que he compartido con mucha gente y en los que no he perdido la sonrisa gracias a mucha gente. Supongo que mi ‘roomie’ es culpable de muchos de estos buenos momentos. Mañana ya no escucharé sus rápidos pasos por el pasillo que me indican que una vez más va a tener que correr a por el bus. Muchas cosas nos han pasado este año, pequeña mariposa. (Evidentemente esta línea es para Flavia, no para ti, lector simpático). Gracias por todo. Gracias por meterme en esta locura de viaje y hacerme disfrutar de una de las mejores experiencias de mi vida.

Gracias a mi pequeña familia vancurita, formada por todos y cada uno de los españoles con los que he reído, compartido jelly beans y horas de charlas.


Y por último, gracias a toda esa gente que dejé en España y que con sus whatsapp diarios, sus mensajes de voz o llamadas de skype que me han hecho más fácil la separación.

SONY DSCAhora comienza una nueva etapa de mi vida. Llega de nuevo saltar obstáculos y respirar hondo antes de gritar. ¿Pero sabéis que? Creo que el frío canadiense, porque digan lo que digan algunos hace frío de vez en cuando, o puede que haya sido la lluvia, porque os aseguro que en Vancouver llueve de vez en cuando, me han hecho más dura, más fuerte y creo que incluso más decidida. Si he superado un cara a cara con una mofeta, creo que estoy preparada para todo.

SONY DSCAquí se acaba la vida de este blog porque esta madrileña vuelve a su tierra. Gracias por leerlo, gracias por reíros con mis anécdotas y quiero acabar esta entrada compartiendo con todos vosotros algo que me he dado cuenta en este tiempo. Somos capaces de mucho más de lo que nos pensamos. Hay que aspirar siempre a lo máximo y no tener miedo de fallar varias veces, solo hay que tener miedo a no levantarse. Sed siempre positivos y buscad lo bueno de todo lo que os pase y aprended de los errores. Como les repetía a mis jugadoras partido tras partido: “Nadie dijo que iba a ser fácil, pero sí muy divertido“.
¿Volveré a Vancouver? El tiempo lo dirá, por ahora solo tengo que ver cómo meto toda la ropa nueva en casa. Eso sí que va a ser un desafío y no vivir en una ciudad que está a 14 horas de vuelo de tu hogar. ¿Quién dijo miedo? Yo no.

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Gracias a tod@s!!! Hasta siempre Canadá!!!

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Un comentario en “365 lejos de casa

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