365 lejos de casa

Mientras veo completamente alucinada como una mujer se ha quedado dormida esperando su turno para ir al baño, he decidido que este es el mejor sitio para escribir mi última entrada del blog, es decir, desde el avión que me lleva de regreso a Madrid.

Por cierto, ¡¡¡sorpresa mami y papi!!!

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Vuelvo a casa, y no lo hago por Navidad, lo hago el día de padre, es decir, 365 días después de haberme ido. Vuelvo a casa, me gusta como suena por eso lo repito tanto, y regresó con una sensación de orgullo difícil de explicar. Pero entendedlo, he sobrevivido un año entero a comida cocinada por mi!!! Ni los de Pekín Express pasan por pruebas tan duras.
Ha sido un año repleto de buenos momentos, de muchísimas risas, de decisiones difíciles, de dudas y de sorpresas muy agradables.


No echaré de menos el levantarme a las 5 de la mañana para ir a trabajar, pero nada de nada, ni un poquito, ni lo más mínimo; se acabó lo de pensar en inglés durante 9 horas al día, que ya os comento que es agotador; adiós al ‘double-double’ y a las poutines, a lo de no saber el precio final de las cosas porque siempre hay que incluir una tasa más, y por supuesto, se acabaron las propinas del 15%.

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20150509_191848Sin embargo ya no veré mi querido Coal Harbour, ni disfrutaré de las puestas de sol los viernes en English Bay, se acabó mi adicción a la Canadá Dry, ni viviré esos 5 segundos de ‘tensión-diversión’ cuando una mofeta se te acerca y no sabes si huir o permanecer como una estatua. Se acabaron los hikings de los fines de semana y el sushi barato (frase de Fla).

Pero señores, vuelvo a mi Madrid, al Vips, a despertar con los gritos de Miguel y Cla, regreso a disfrutar de esas tardes de baloncesto…Eso no está pagado. Eso es vida.
Hago un inciso para comunicaros que la azafata ha venido para despertar a la señora que estaba de pie. Anonada me quedo con la capacidad de la gente. Continuamos con el relato lleno de sentimiento. Entren en modo sentimental. ¿Listos? Allá vamos.

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Vuelvo a mi ciudad y lo hago con el pelo un poco más corto, con muchas sudaderas nuevas y con la satisfacción del trabajo bien realizado. He vivido y trabajado en una ciudad que no es la mía, en un lenguaje que definitivamente no es el mío y con el que he peleado mucho pero ahora me siento feliz de decir que ya no le tengo miedo.

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Vuelvo a casa sabiendo que en estos 365 no he dejado de pelear ni un solo segundo, que no he dejado que ningún obstáculo me parara y que cuando hoy la manager y mis compañeros se despedían de mi lo hacía con lágrimas en los ojos porque he dejado huella en Vancouver.

365 días que he compartido con mucha gente y en los que no he perdido la sonrisa gracias a mucha gente. Supongo que mi ‘roomie’ es culpable de muchos de estos buenos momentos. Mañana ya no escucharé sus rápidos pasos por el pasillo que me indican que una vez más va a tener que correr a por el bus. Muchas cosas nos han pasado este año, pequeña mariposa. (Evidentemente esta línea es para Flavia, no para ti, lector simpático). Gracias por todo. Gracias por meterme en esta locura de viaje y hacerme disfrutar de una de las mejores experiencias de mi vida.

Gracias a mi pequeña familia vancurita, formada por todos y cada uno de los españoles con los que he reído, compartido jelly beans y horas de charlas.


Y por último, gracias a toda esa gente que dejé en España y que con sus whatsapp diarios, sus mensajes de voz o llamadas de skype que me han hecho más fácil la separación.

SONY DSCAhora comienza una nueva etapa de mi vida. Llega de nuevo saltar obstáculos y respirar hondo antes de gritar. ¿Pero sabéis que? Creo que el frío canadiense, porque digan lo que digan algunos hace frío de vez en cuando, o puede que haya sido la lluvia, porque os aseguro que en Vancouver llueve de vez en cuando, me han hecho más dura, más fuerte y creo que incluso más decidida. Si he superado un cara a cara con una mofeta, creo que estoy preparada para todo.

SONY DSCAquí se acaba la vida de este blog porque esta madrileña vuelve a su tierra. Gracias por leerlo, gracias por reíros con mis anécdotas y quiero acabar esta entrada compartiendo con todos vosotros algo que me he dado cuenta en este tiempo. Somos capaces de mucho más de lo que nos pensamos. Hay que aspirar siempre a lo máximo y no tener miedo de fallar varias veces, solo hay que tener miedo a no levantarse. Sed siempre positivos y buscad lo bueno de todo lo que os pase y aprended de los errores. Como les repetía a mis jugadoras partido tras partido: “Nadie dijo que iba a ser fácil, pero sí muy divertido“.
¿Volveré a Vancouver? El tiempo lo dirá, por ahora solo tengo que ver cómo meto toda la ropa nueva en casa. Eso sí que va a ser un desafío y no vivir en una ciudad que está a 14 horas de vuelo de tu hogar. ¿Quién dijo miedo? Yo no.

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Gracias a tod@s!!! Hasta siempre Canadá!!!

Love is in the air

Ella ha intentado que no la quisiera, pero ha sido imposible. Nos ha llovido, diluviado, hecho un viento que nos convertía en Mary Poppins en segundos…pero me da igual. Nuestras noches eran hilarantes: las tres sentadas en la habitación con los secadores en mano tratando de secar calcetines, zapatillas, mochilas, dólares… Pero a pesar de todo esto, me he enamorado.

SONY DSCSan Francisco es una ciudad impresionante, con mucho movimiento, tiendas de souvenirs por todas partes (soy una friki de este tipo de establecimientos), edificios únicos, casas preciosas, cheesecakes, el Golden Gate, y por supuesto, hay leones marinos!!
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SONY DSCVale, no habré disfrutado del famoso sol californiano del que tanto he oído hablar, porque vamos ni un minuto se ha dignado el muy canalla a dar la cara, pero todo hay que decir que ver una ciudad bajo la lluvia y cubierta de niebla también tiene su magia. Aunque mi pelo no piensa lo mismo. Cuando enseñe mis fotos de este viaje deberé explicar la razón de mis pelos de loca…

IMG-20160310-WA0026Pero oye, he estado en San Francisco, he subido cuestas, paseado por Alcatraz, subido en un tranvía y cenado en un auténtico diner americano. Así que, ¡¡vivan mis pelos de loca!!

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Hay mucho que contar pero lo mejor es resumirlo con un TOP 3 de San Francisco

El tercer puesto es para las “Painted Ladies“, esas casas de estilo victoriano tan famosas, pero que muchos de nosotros las relacionamos con nuestra infancia por la serie de “Padres Forzosos“. Mi primera impresión podría haber sido mejor, todo hay que decirlo. Pero la culpa no fue de ellas, que son monísimas.

SONY DSCResulta que cuando nos ponemos en camino para ir a verlas, a eso de las 17.30, comienza a llegar la oscuridad absoluta y, aunque este dato no es nuevo, el diluvio universal unido a un viento racheado. Una situación ideal para el turista y más aun para hacer fotos. Pero, ¿quién dijo miedo?. Ahí fuimos, las vimos, nos tuvimos que acercar mucho, en plan casi saludando a los dueños, pero las vimos, o las intuimos.

No hace falta decir que volvimos otro día por eso de ver algo. Muy bonitas. Dato importante: detrás de las casas victorianas debería verse San Francisco. Debajo de esa niebla está San Francisco!!! Es que es muy tímida🙂

El TOP 2 de San Francisco para mí, es sin lugar a dudas, el Golden Gate.

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¡¡Qué pedazo de puente!! ¡¡Qué maravilla!! Mejor que os dejo que disfrutéis de algunas de las cientos de fotos que hicimos aquí.

Y mi lugar favorito de San Francisco, pero de lejos, es la prisión de Alcatraz. Visita obligatoria, y más si eres una friki de la película “La Roca” como yo. Un viaje muy educativo. Lo primero que aprendí en este día es que en un ferry en movimiento los selfies no son una buena idea….aunque por otro lado parece que tenemos pelazo🙂

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Tras muchas risas intentando hacernos una foto digna, cosa que no conseguimos, llegamos a Alcatraz, la cárcel que albergaba a los presos más problemáticos de Estados Unidos. Yo mientras escuchaba la explicación de toda su historia lo único que hacía, y esperaba con ganas, era el momento en el que apareciera Ed Harris, nos tomara como 20160311_130733rehenes y nos metiera a todos en las celdas, mientras esperábamos a que nos rescataran Nicolas Cage y Sir Sean Connery. (De ilusión también se vive y evidentemente veo mucho la tele).

Ed no vino, pero da igual, la visita fue espectacular, y evidentemente terminé dentro de una celda.

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El sueño de cualquier madre es ver a su hija disfrutando de estar metida en la cárcel. God Bless America.

¿Me hubiera gustado pasear por San Francisco sin que los calcetines hicieran “chof-chof“? Posiblemente. Pero señores, he estado, caminado, vivido durante 4 días, disfrutado y reído en esta alucinante ciudad.

San Francisco, este es el inicio de una gran amistad. Nos veremos pronto, eso sí, mi próxima visita será en Agosto, para asegurarme de que así conoceré al famoso sol californiano.

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#GoCanucksGo

Y la pregunta de muchos de vosotros será, ¿quiénes son los Canucks?. La respuesta es muy sencilla. Señores, bienvenidos al show de la NHL.

Pero antes de nada, antes de que comience el encuentro, por supuesto se cantan los himnos….mano al corazón que suena el “Oh Canada”. Por cierto, respeto máximo al himno nacional.

primeros minutosTras las presentaciones, llega el momento que esperábamos. Comienza el partido y cuando crees que los vancuritas no pueden sorprenderte más, van y lo hacen. Esta gente que pensabas que eran tranquilos y en contra de la violencia comienzan a gritar: “Hit him, hit him” (“Pégale, pégale”). Y es que, un deporte en el que diez hombretones que patinan a una velocidad alucinante con un palo en la mano y con el que pueden ir pegando al contrario siempre que quieran…¡¡Cómo no me va a gustar este deporte!!.

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Hay que decir que como buenos primos-hermanos de los americanos, el show que se realiza en estos eventos es increíble. Música, vendedores ambulantes de cerveza, proyecciones audiovisuales impresionantes o la muscle-cam, con la que enfocan a gente para ver quien tiene más músculos. Pero sin duda, uno de los momentos más chulos de la noche llegó en uno de los descansos cuando se retiraron los profesionales y salió a la pista el futuro de este deporte.

Dos equipos de mini-jugadores de hockey, no más de 8 añitos, con toda su equipación y sus nervios por estar jugando en la pista de los mayores, saltaron al hielo para hacer la delicia de los espectadores.

IMG-20160221-WA0013Sé que os estáis muriendo de ganas por saber cómo iba el partido. Tranquilos que os saco de dudas. Gracias a la presencia de estos cuatro españoles, los Canucks por primera vez en siete partidos, ganaban.

Puede que no entendiéramos todas las normas, pero los nervios y la emoción del gol la sentimos.

Aplaudimos, celebramos e incluso protestamos a lo canadiense. ¿Y cómo se protesta a lo canadiense? Os lo explico. Porque amigos, esto deben saberlo.

peleaLos Colorado Avalanche, el rival, marca un gol completamente ilegal, pero como los árbitros tienen dudas deciden ver de nuevo la jugada en los monitores para tomar la decisión final. Unas imágenes, que todo hay que decir, el público también ve gracias a la superpantalla que hay sobre el hielo. En el vídeo se ve claramente como un jugador hace falta sobre el portero de los Canucks y como otro aprovecha para marcar el primer tanto del equipo visitante.

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Pues por alguna razón que no llego a entender, el árbitro decide que el gol es válido y sube al marcador. Mi primera pregunta hacia ti, el lector, es, ¿cómo reaccionaría el aficionado español ante tal injusticia?. La respuesta es muy sencilla: se escucharían tantos insultos que censuraría la emisión del partido.

Ahora bien, ¿cómo reaccionó el público vancurita ante la decisión arbitral? Cojo aire ante de escribir la siguiente línea porque es muy extremo. BUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU. Y así es como protestan los canadienses. En serio, son adorables.

Al final ganamos 5-1, y digo ganamos porque por nuestras venas ya llevamos el gen de los canucks de lo metidos que estamos en esta ciudad.

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El partido fue genial pero sin duda todo lo que lo rodeó fue lo que hizo de la noche del domingo, una noche inolvidable. El ambiente, el público, las compras, la comida del descanso…Todo ello un pack perfecto.  Sin duda, una experiencia única y muy divertida. Totalmente recomendable y que repetiría sin lugar a dudas, pero tengo que ahorrar para mi siguiente locura, un viaje a San Francisco que os contaré en mi siguiente entrada en el blog.

Soy una madrileña seguidora del Real Madrid, que sufre con el Estu, que disfruta con Nadal, que se muere de los nervios cada verano con la selección española de baloncesto y que ahora, y gracias a Vancouver, podrá decir que su equipo de la NHL son los Canucks. #GoCanucksGo

Thank you, driver!!

Vancouver es una ciudad repleta de “personajes” raritos y a la vez curiosos, e incluso en su gran mayoría, bastante graciosos. Uno de esos colectivos peculiares que hay en esta ciudad es el de los conductores de autobuses. Seamos sinceros, no es una profesión muy apasionante. Todo el día sentado, en su mayoría del tiempo sin hablar con nadie, realizando todo el día el mismo recorrido, y para más inri en Vancouver, aguantando el mal conducir de la población asiática.

Así que hoy os quiero hablar un poco de mis anécdotas con este grupo de hombres y mujeres que durante este año me han estado llevando de un lado a otro.

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Lo primero de lo que os hablaré es de su indumentaria. El uniforme es azul y por alguna razón que todavía no he llegado a entender, casi todos ellos llevan a todas horas, estén o no estén conduciendo, el típico chaleco fluorescente. Pues bien, si hablamos de ropa os hablaré de algo que me ha pasado hace bien poco. Yo pillo el autobús todas las mañanas a las 5.30h. Hace dos semanas, a esa hora, hacía la friolera de 2 grados y además llovía, ese dato no es muy nuevo porque aquí siempre está lloviendo. A lo que íbamos. Pues yo iba con mi sudadera, mi chaqueta impermeable, una bufanda gorda gorda gorda y el gorro. Cuando me subo al bus, el conductor me sonríe y me dice:”Mujer, ni que estuviéramos en Alaska.

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Vale, no seré de Salamanca, que parece que eso te hace inmune al frío, pero calor no hace. Pues el amigo, a las 5.30 de la mañana iba en manga corta, pantalón corto y, dato esclarecedor de la locura de esta gente, en chanclas. Le miré, me reí, él se rió, y mi respuesta fue una sonrisa (congelada) y un asentimiento leve de cabeza (la bufanda es tan gorda que no me permite mucha movilidad). Su respuesta: una larga carcajada.

Una de las primeras cosas que más me sorprendió en esta ciudad es que llevan a rajatabla lo de que si su horario acaba a las 12, el boli se les cae a las 12h. Da igual que estén en mitad de algo y les quede 5 minutos más para acabar. Si acaban a las 12h a las 12h que se van. Pues con los autobuses pasa lo mismo. Un día iba en el 135, que une Downtown con la zona donde vivo, y de repente nos paramos, la gente se baja y veo que el conductor empieza a recoger sus cosas. Coge el micro y dice: “Mi turno se ha acabado, un compañero llegará en breve”. Sale del bus y se va. Pero oye, la gente tan tranquila sentada en sus sitios, leyendo, escribiendo por el móvil… El compañero llegó a los 5 minutos y nos pusimos en marcha, pero, ¿os imagináis que el 146 se para en mitad de la calle Alcalá, el conductor se baja y se pira?. Estoy más que segura que alguien primero le mata y luego conduce él mismo el autobús. Pues no, aquí es de lo más normal.

foto 1Como buenos canadienses que son, la mayoría de los conductores son terriblemente amables. Por lo que cuando quieren echar la bronca te quedas alucinada de su agresividad. IRONIA ON. Por la zona de Hastings suelen subirse por las puertas traseras algunos homeless sin pagar, y recuerdo un día que el conductor cogió el micrófono y dijo, antes de reproducir lo que se dijo debo avisar al lector que estas palabras pueden ser hirientes a oídos de gente sensible. Realizada la advertencia, ahí va lo que se dijo ese día: “Chicos, sabéis que por esas puertas no se puede entrar”. Fin de la bronca. Evidentemente los que subieron por las puertas traseras sin pagar se sentaron tranquilamente, no pagaron y se bajaron varias paradas después al llegar a su destino. Uff, menuda tensión, que bronca, que capacidad para poner a cada uno en su sitio.

Y para el final, mi momento favorito del día. El desayuno. Trabajo al lado de una calle por la que pasan muchos autobuses. Además en la puerta de mi trabajo hay una parada de autobús así que todas las mañanas, y repito, todas las mañanas, desde las 6 hasta más o menos las 7.30, varios conductores paran, se bajan de su bus, que por supuesto está lleno de gente que va a trabajar o a estudiar, vienen caminando tranquilamente, piden su desayuno, charlan un rato con nosotros y se despiden hasta la mañana siguiente. La duración de la visita suele estar entre los 8-10 minutos. Durante ese rato, ha habido ocasiones que hasta tres autobuses con pasajeros en su interior han estado parados en el lateral de la calle y han venido a desayunar con toda tranquilidad. Oye, ni una queja por parte de los pasajeros. ¿Por qué? Pues porque así de raros son en Vancouver.

Eso sí, si eres pasajero y haces lo mismo que ellos no esperes que te esperen. No, no, no. Si cuando ellos suben al autobús y tu te pones a correr con el café en la mano, con mucho cuidado para que ese líquido incandescente no se te caiga encima y te produzca quemaduras de segundo grado, y aún evitando tan difícil tarea no llegas a tiempo, ellos te cierran la puerta, sonríen y continúan con su itinerario. Entiéndelo, tienen un autobús lleno de pasajeros.

Así son los conductores de Vancouver. Para mí, unos auténticos cracks. Tal y como se dice aquí cuando uno se baja en su parada: “Thank you, driver”.

Cuando llegó la lluvia a Vancouver, que gracias a Dios este año ha venido tarde, los españoles que llevan aquí más tiempo me dijeron: “Si sale un día el sol, aprovéchalo porque vas a estar con lluvia mucho tiempo“. Así que hace poquito tuvimos uno de esos días sin lluvia, aunque con un frío majo majo, y como yo soy muy de seguir los consejos, quise aprovechar al máximo esa jornada, así que con un grupo de amig@s y un maravilloso coche alquilado decidimos irnos a conocer algunos de los alrededores de Vancouver. En este caso nuestro destino fue Steveston, que los frikis de las series lo conocerán como Storybrooke, porque aquí se graba la serie “Once Upon a time”.

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Steveston es un pequeño pueblo costero. Cuando digo pequeño me refiero a tres calles. Eso sí, tres calles en las que no falta un Starbucks, un Tim Hortons y un Blenz Coffee. Lo bonito del pueblo no es solo que es muy coqueto y con unas tiendas de los más monas, sino que se caracteriza por tener un mercado de pescado fresco fresco.

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En el puerto marítimo es donde verdaderamente está la vida de este pueblo. Cuando digo vida entienda el lector que una multitud aquí son unas 10 personas y un atasco 4 coches. A lo que íbamos. Llegas al puerto y ves todos los barcos y escuchas el maravilloso (ironía ON) sonido de las gaviotas.

SONY DSCY ahí están los pescadores, aunque cueste creérselo al lector casi todos los comerciantes eran asiáticos, que después de haber salido a faenar con este maravilloso viento helado y una humedad que te riza hasta las pestañas, ponen ahí sus adquisiciones y esperan para ver si algún tonto quiere que su coche huela a pescado durante todo el día.  Evidentemente, mucho salmón y algún que otro pulpo. Y no tía, no comí salmón.

 

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La verdad es que el pueblo es tan chiquitín que llegado un momento en el que el frío ya se había instalado en nuestros huesos decidimos ser inteligentes y buscar nuevo destino.

 

Pero eso sí, antes nos dedicamos a probar un semáforo que te deja cruzar en diagonal. Descubrir cual era el botón para que se pusiera en verde nuestro semáforo fue complicado (diga David lo que diga) y aunque nosotros nos reímos mucho, los tres coches a los que hicimos pararse puede que no les sentara tan bien.

Una vez dejado Steveston nuestra idea era ir al Monte Seymour y ver la nieve. Porque parece que no hemos visto nunca la nieve. Nuestra excusa, pues es evidente, la nieve madrileña no es igual que la vancurita. Así que pusimos el GPS en marcha y hacia allá que íbamos. O eso pensábamos. Porque el GPS nos mintió. Nos hizo creer que estábamos llegando. Nos dio esperanzas…y una verja que decía “No Pasar” nos hundió en la miseria. Ese no era el camino.

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Adiós monte Seymour, hola Rice Lake.

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Esta foto fue tomada a las 16.25h. Y sí, estaba nevando🙂

No os voy a engañar. Fotos de rigor, conversación entre los hombres sobre cómo ha fallado el GPS y todos al coche que a Marta se le vuelve a poner los labios morados.
Pero aquí no acaba el día. ¿Qué hay cerca de aquí que podamos ver? Una casa llena de luces de la que hablan en internet. Vamos para allá.

¿Dónde está la casa? ¿Alguien la ve? Y de repente un: “Allí“. Y vemos, literalmente, la luz.

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Bienvenidos a la casa de las 100.000 luces de Navidad. Al ver las imágenes cantad villancicos mentalmente porque también tenía hilo musical.

                 

        

Lo sé. Ahora todos pensáis que las tres horas que habéis tardado en decorar el salón de vuestra casa han sido para nada. Ya nada tiene sentido después de haber visto esta decoración. Pero, ¿quién dijo miedo?. Los cinco integrantes del coche querían más. Más luces. Más decoración navideña. Más villancicos. (Ahora releed estas dos últimas líneas pero con el puño cerrado y gritando mucho las frases. Queda mucho más sentido).

Así que nuestro destino final fue Trinity st. Conocida aquí en Vancouver porque todos los años por estas fechas los vecinos realizan un concurso para ver que casa tiene la decoración más bonita.

Antes de ver las fotos quiero que mis lectores aprendan algo. Si hace frío, mucho frío, incluso nieva un poco, y con los guantes no se te da bien hacer fotos, siempre queda un nuevo estilo de turisteo: hacer las fotos desde el coche. Sin bajarte. Ejemplo: “Nacho, esa casa me gusta, para delante“. Paramos, bajamos ventanillas lo justo para poner la cámara, enfocamos, disparamos un par de fotos. Arriba ventanillas y a por la siguiente casa. Eso señores, es ser vagos pero listos. Así somos los españoles en Vancouver, y así son las casas de Trinity st.

 

Y así fue como pasamos un día sin lluvia un grupo de españoles muertos de frío pero con ganas de no parar quietos.

 

Ya solo me queda deciros: Feliz Navidad y próspero año nuevo. ¡¡Y haced el favor de mejorar un poco la decoración de vuestra casa!!

PD. Gracias a Marta y Celsa por algunas de las fotos y a todo el grupo por un día tan divertido, a pesar del frío.

Un día sin lluvia en Vancouver

Hoy comemos en un food truck

Comer fuera de casa tiene un significado diferente aquí en Vancouver. Una de las imágenes que más me llamaron la atención al llegar aquí eran las colas que se montaban a la hora de la comida, es decir a las 11.30h (esta gente está mal de la cabeza), en estos curiosos restaurantes móviles que todos los días aparecen en las calles de Downtown.
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Porque una cosa está clara. Los vancuritas cocinan menos que yo, y eso señores, digamos que roza la vaguería. Así que como ir a un restaurante a diario sale caro y además no pierden tanto tiempo a la hora de la comida, pues han encontrado en la fórmula del food truck al mejor aliado para su estómago.

Lo que más me llama la atención es que en los food truck la variedad brilla por su ausencia, cosa que es lógica porque la cocina y la despensa son pequeñas. Entonces no entiendo que la gente vaya día tras día a estos sitios a comer, y que además hagan cola durante más de 20 minutos para pillar una hamburguesa, un plato de arroz con pollo o incluso esperar para comprar una sopa. Tuppers, amigos vancuritas, tuppers.

Algunos de estos pequeños restaurantes solo están por las mañanas a primera hora, y luego no aparecen hasta la tarde/noche (que en hora local se traduce como sobre las 16.30h, hora elegida para empezar a cenar).

20151119_163034Este, por ejemplo, está normalmente a la salida de la estación de metro de Granville. Y para darle más encanto tiene hasta terraza!!! Se ruega al lector que preste atención al abrigo del cliente que disfruta de su desayuno en dicha terraza. Hay habitantes del Polo Norte con abrigos más ligeros. Desayunar a las 7am al aire libre en Vancouver. Gran idea. De Premio Nobel. En serio, son muy raros.

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Los hay muy chulos como el “Mom’s Grilled Cheese”, que además es de los que más carta tiene. Ofrece desde algo de comida casera, que aquí no entiende por comida casera unas lentejas con chorizo, si no más bien pollo frito con patatas fritas , hasta sopas, y por supuesto, tal y como el nombre del truck nos indica, sandwiches de queso. Esa es su especialidad.

received_10153249296971344No puede faltar el toque exótico así que hay algunos de comida tailandesa o hindú. Tenemos el típico kebab o los chicken pita muy especiados y con los que acabas pareciendo el dragón Eliott en vez de un ser humano.
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El “Sauzzy Thai” muestra una variedad de platos alucinantes. Se me ha olvidado apuntar lo de “IRONIA ON”.

Cuando vas a este food truck no tardas mucho en decidir lo que quieres porque solo tiene 3 opciones: Pad Thai vegetariano, con gambas o con pollo. El chef no está para muchos quebradores de cabeza.
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Uno de los food truck más populares es el de Japadog. La idea que busca es darle un giro a la idea del perrito caliente. Aquí la gracia, que a mi mucha no me hace, es que en vez de usar los típicos condimentos como pueden ser los pepinillos, la cebolla, la mostaza o el ketchup, se le pone ingredientes propios de la comida japonesa, como algas fritas, salsa de soja, aguacate o incluso noodles…20151118_131039

Vamos, ni en broma me ven a mi gastándome 8$ en eso. Un bollito, su salchicha bien hecha, ketchup que te manche las manos e incluso un poco de pepinillo o de cebolla. Eso es un perrito caliente!! Por favor, los clásicos no se reinventan, se respetan!!!

 

Esta norma tampoco la ha querido seguir el que para mí es el food truck más gracioso de todo Downtown, el “Reel Mac and Cheese”.

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Aquí lo que ofrecen son como unas ocho versiones del mismo plato, el de los macarrones con queso.

Porque señor@s, los macarrones con queso pueden hasta servirse fritos. Como lo leen. También les ponen brócoli. No tengo palabras para describir mi indignación ante tal sacrilegio de uno de los mejores platos que se han creado.

Pero oye si os habéis quedado con ganas de probar alguno de ellos o queréis ir a gritarle alguna barbaridad al chef por destrozar vuestros platos favoritos os voy a ayudar un poco. Bajaros al móvil la app “street food vancouver”.

Ahí hay un mapita que te muestra donde están los food truck, cuales están abiertos o los horarios para ese día. Además te viene una lista con cada uno de estos restaurantes móviles y sus especialidades. ¡¡¡Viva la tecnología!!!

Ahora solo queda investigar y decidir donde comemos mañana.

Spoilert alert: yo perritos calientes con algas ni los pruebo.

Dar las gracias a mis fotógrafos callejeros que me han ayudado a ilustrar este texto.

La importancia de saber idiomas

En un momento en el que todo el mundo ha decidido que el inglés debe ser el idioma a aprender desde que se tienen unos meses de vida, creo que ha llegado la hora de que hable la voz de la experiencia para demostraros que estáis equivocados. Y ya que este es mi blog seré yo esa voz.
Una de las principales razones de hacer este viaje era mejorar mi inglés. A Londres no iba a ir porque allí hay más españoles que británicos, en NY no necesitas el inglés porque todo el mundo es cubano, así que Vancouver parecía lo suficientemente lejano de las fronteras españolas para obligarme a hablar sin complejos. Y de repente, en mi primer día de trabajo, todo preparada para comenzar con mi tarea más complicada, enfrentarme al público canadiense con mi divertido acento inglés, me doy cuenta que o me había equivocado de país o de idioma.
Porque señor@s, el inglés está desfasado, olvidado, enterrado, es una lengua muerta, como el latín. Ahora lo que se lleva, o por lo menos a este lado del mundo, es el chino. Así de sencillo.
En la famosa cadena de comida rápida en la que trabajo cerca del 65% de la clientela que viene es de origen asiático, y más de un 70% de ellos tienen el mismo dominio del inglés que una servidora del chino.
La imagen que se está formando en vuestras cabezas en el fondo tiene un punto gracioso. Una española con ganas de aprender inglés y con una clientela que quiere su comida aquí y ahora pero que solo saben pedirla en chino. Sin duda gracioso tiene un rato. Aunque os digo otra cosa, los chinos no tienen mucha gracia, o por lo menos no lo encuentran tan divertido como yo.
Uno de mis mejores momentos que he vivido aquí sucedió por una de estas complicaciones lingüísticas. Una señora china me vino con una sonrisa y me dijo algo en chino, la contesté muy educadamente en inglés que no hablaba su idioma, ella me sonrió e hizo el internacional gesto de encogimiento de hombros que todo el mundo sabemos quiere decir: “ni idea de lo que dices“. Llegado ese punto, nos miramos, nos sonreimos, nos reímos de la situación y ahí comenzó lo que es a día de hoy toda una tradición en mis mañanas vancuritas, que consiste en que me dedico a señalar uno y cada uno de los productos que ofrecemos hasta que ella mueve afirmativamente la cabeza. En el fondo es un momento muy tierno.
Luego tengo otro cliente habitual con el siempre me río, aunque en este caso él no comparte mi sonrisa porque es un poco seriote. Todos los días pide lo mismo, posiblemente porque no sabe pedir nada más. Imaginaros al típico general militar con cara de enfadado y acento terrible que sale en las películas malas de chinos, pues así es. Todos los días me repite la misma frase:” Cofí tú crim. Carimpia mafín. Jiar“. Es decir, “Coffee two cream. Cranberry muffin. Here“. Todos los días lo mismo. En el mismo tono de enfadado. Ni un hola, ni gracias, ni “hombre Isa cómo va la mañana”. Nada. Él quiere su cofí y su mafín.
También tengo al abuelo que usa a su nieto de 4 años para traducirme lo que quiere. Y vamos que el inglés del peque no es muy allá tampoco, principalmente porque tiene cuatro años. O también está mi trío lalalá. Tres señoras que se piden todos los días un café mediano y dos vasitos de agua. Porque en realidad lo que hacen es repartir el café entre las tres tazas. Los chinos dominarán el mundo por cosas así.
Ir a trabajar no es tan duro cuando sabes que cada día va a haber un nuevo desafío lingüístico. ¿Qué podrían aprender el idioma del país en el que llevan viviendo décadas? Pues sí. Pero vamos, que como al final consiguen siempre, de una manera u otra, su comida y su bebida, ellos siguen sin poner las cosas fáciles.
Resumiendo. Vine a Vancouver a aprender inglés y he acabado siendo traductora para la comunidad asiática de East Hastings.
Así que ya lo sabéis. Menos inglés y más chino!!!
Xie xie ni (o algo así era, que para quien no sepa chino significa, gracias)

Let’s go Vancouver Canadians, let’s go!!!

Uno de mis objetivos antes de irme de Vancouver es poder ir a ver un partido de hockey sobre hielo. Cuando llegué era el final de temporada y los precios estaban un poco lejos de mi alcance, bueno, si hubiera vendido un pulmón y regalado a mis primeros dos hijos a lo mejor podía haber comprado un ticket en la última fila del pabellón. La que aparece en la web como “visibilidad reducida”, es decir, que no ves nada, pero nada de nada. Así que hasta que empiece de nuevo la temporada de hockey he estado viendo béisbol. Como lo leéis. Béisbol. Ese deporte que puede durar unas 3 o 4 horas y en el que es posible que no veas ni un solo ‘home run‘ en todo ese tiempo.

No lo he vendido muy bien, lo sé, pero en realidad la belleza de este deporte está en la grada.

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Si sois amantes del deporte vuestra pregunta al haber leído lo anterior habrá sido: “¿Por qué béisbol?”. Pues la culpa de todo la tiene el gimnasio. Uno de los primeros días que voy al gym me pongo a buscar en la televisión de mi cinta de correr algo que ver y de repente me encuentro viendo un programa de deportes. Se enciende una bombilla. Deportes, aquí se queda. Mi objetivo realmente era ver a Nadal o algo de mis chicos de basket pero me encontré con un especial de los mejores momentos de la jornada de beisbol. Espectaculares. Menudos bateos, que forma de correr y de tirarse en plancha para lograr una carrera, alucinante la agilidad de los defensores para atrapar algunas bolas. Así que día tras día iba viendo un poco más y me entretenía.

Evidentemente busqué las normas en google porque mis únicas nociones sobre este deporte vienen de la época del cole. Y si os soy sincera, en aquella época o se jugaba de otra manera o no teníamos ni idea de cómo se hacía.

Pues bien, aquí en Vancouver resulta que juegan al béisbol. No son el mejor equipo del mundo. Ni del continente. Ni del país. Seamos claros, juegan como en la segunda o tercera división. Es decir, no son muy buenos. Pero os voy a decir otra cosa, el contrario era mucho peor que nosotros!!!!!

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Y gracias a unos amigos españoles se me presentó la ocasión de ir a ver un partido. Una ocasión que cualquier amante del deporte no puede dejar escapar.

 

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Llegas al estadio y hay una banda tocando en la puerta dando ambiente. Todo el mundo va con sus gorras, sus camisetas del equipo y muchos guantes de béisbol. Esto es como en las películas. ¡¡Qué emoción!!

Saltan los jugadores al campo. Se colocan por parejas mirando al horizonte. Entonces  suena el himno de Estados Unidos, (el equipo visitante es de allí) y después llega el canadiense. El público canta con la mano en el corazón. Ni un solo pitido, nadie abuchea. Así da gusto. Después llegan los aplausos. Va a empezar el encuentro.

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Noto la emoción del instante. Una vocecita en mi cabeza no deja de decir: “Batea, batea, batea, batea”. El pitcher se prepara para lanzar. El bateador hace sus movimientos, algunos ridículos, y se concentra en la bola. Llega el silencio en el estadio… Imaginad la tensión, los nervios, la expectación…. El pitcher levanta la rodilla derecha para coger impulso, lanza la bola y….es un strike. Es decir, que no le da a la bola. Menudo inicio. Menuda mierda. Me esperaba una súper carrera. Algo más emocionante. ¡¡¡Venga hombre que es mi primer partido de béisbol!!!!

Un golpe magistral habría sido perfecto para haber hecho de esta entrada de blog algo épico: “La primera vez que fui a un partido de béisbol el primer lanzamiento se fue fuera del estadio. Salió en todos los periódicos”. La realidad a veces es muy dura.

Resumiendo el partido. Muchos no le dieron a la bola, otros la dieron pero no sirvió de nada porque el rival la cogió con facilidad, otros tuvieron suerte y corrieron y pudimos ver un homerun. Dos líneas de texto para resumir lo que en el campo fueron 3 horas de partido.

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Pero bueno, como en todo deporte, gran parte de la diversión pasa fuera del terreno de juego. Nos hicimos amigos de dos parejas canadienses que de primeras vieron lo perdidos  que estábamos con las normas del juego y amablemente nos lo explicaron. Después les caímos tan bien que estuvimos hablando de todo un poco: desde los encierros de Pamplona o los errores más comunes en inglés,  hasta la pasión de los hombres canadienses por la pesca y las broncas que tienen con sus mujeres por ello… Lo que aprende una en un ratito.

 

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Además intentamos salir en la pantalla gigante del estadio pero decidieron que éramos demasiado guapos para ese honor. Hicimos la ola, bailamos el baile del pollito, pataleamos y gritamos en los descansos, bailamos y sobre todo disfrutamos de la parte más importante de este deporte: la comida y la bebida. Porque tres horas son muchas horas sin comer y sin beber, y en la parte baja del estadio hay casi más opciones de comida que en toda la plaza de Callao. Evidentemente todo comida sana: hamburguesas, perritos calientes, patatas fritas, alitas de pollo, nuggets, cerveza, más cerveza y mucha más cerveza, pretzels, palomitas…y atentos a los que les gusten los datos curiosos porque aquí va uno. Cuando en Madrid por lo menos vamos al fútbol o al basket comemos muchas pipas, pues aquí los vancuveritas son unos enamorados de los cacahuetes.

Ya sabes lo que se dice: nunca te irás a la cama sin saber nada nuevo. Yo ahora sé mucho más de béisbol que hace unos meses, pero este deporte no es para mí. Sin embargo, la emoción de ese primer lanzamiento, aunque fuera fallido, permaneció en mí todo el partido. Puede que no fuera perfecto, pero sin duda fue una experiencia inolvidable.

Let’s go Vancouver Canadians, let’s go!!!

 

 

Los rincones escondidos de Vancouver

Si hace 5 meses me hubiese planteado alguien ir al monte a caminar un sábado o un domingo posiblemente mi respuesta hubiera sido…”no, no, no…mmm, no?”.

Quien me conoce bien sabe que yo lo de caminar por caminar como que no ha sido nunca lo mío. ¡¡Pero si hasta cogía el autobús para ir a comprar el pan!!
La verdad es que siempre me ha parecido muy inteligente por mi parte el uso del abono transporte en Madrid ya que con lo que pago por él hay que darle mucho uso.

Pero resulta que ha sido llegar a tierras vancuritas y despertar en mí una afición por caminar que me empieza a asustar.

¿Quién quiere quedarse en la cama en su día libre y poder dormir hasta las 10 de la mañana cuando puedes estar levantándote a las 7 para ir a hacer una ruta de 16km? Fla, haz el favor de bajar la mano. Evidentemente todos habréis escogido la opción de madrugar y hacer deporte. ¿A que sí?…. Si, ¿no?….. ¿Soy la única?… Vale. Digamos que no es muy normal, pero es que menudos sitios estoy descubriendo!!

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Todo comenzó con una quedada entre españoles para conocernos. Fue en Lynn Valley y consistió en un paseo tranquilo, eso sí con alguna escalera de más para mi gusto. Ves árboles enormes, mucho verde, miles de chinos, ardillas, puentes colgantes…y luego de repente se abre el bosque y te encuentras con paisajes como este…

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…es ahí cuando cierras la boca, te limpias la baba, haces el selfie de rigor y disfrutas del silencio. Entonces una bombilla se enciende en tu cabeza y te preguntas: ¿habrá más sitios así aquí?. Tranquilos, la respuesta es fácil. Os doy unas pistas.
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Reconocer que las fotos son bonitas, eh? Y que más de un@ ha pensado que quiere venirse. Pero antes de tomar una decisión os voy a poner las cartas sobre la mesa. Para conseguir estas fotos, aquí la tita Isa no ha cogido un bus y caminado 15 minutitos hasta encontrar el sitio bonito para hacer la foto y daros envidia. No, no, eso hubiera sido demasiado fácil. La naturaleza es cruel, y me estoy dando de cuenta de ello poco a poco. Estos parajes, estas maravillas están siempre alejadas de la mano de Dios y de uno de los mejores inventos de la humanidad: las escaleras mecánicas. Para algunas de estas fotos he sudado más que un cerdito antes de morir. Desagradable, lo sé, pero real.

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Esta foto está hecha en el lago Garibaldi. Un sitio espectacular que lo encuentras si sobrevives a 8 kilómetros de ruta cuesta arriba. Repito: cuesta arriba durante 8 kilómetros. Aunque casi peor es la bajada. Eso sí, por ver el glaciar, el entorno y hacer fotos que demuestren que lo lograste merece la pena la subida.

Por si se os ha olvidado: cuesta arriba. 8 kilómetros. Sin ascensor, ni escaleras mecánicas. Un atraso, lo sé.

20150801_122650Grouse Mountain, mi última excursión y mi gran reto hasta ahora, ha consistido en subir 2830 escaleras para llegar a la cima. Lo escribo, lo leo y no me lo creo. Lo peor es que ha sido de forma voluntaria. No he ido engañada ni sin saber a lo que me enfrentaba.Al llegar arriba no lloré porque había sudado tanto que no quedaban líquidos en mi cuerpo.

Pero eso sí, subí en menos tiempo que la media. Lo peor del tema es que esto hay gente que lo sube corriendo. Me alegra saber que hay gente con mayores problemas que los míos. Frikis.

DSCN4036Posiblemente uno que no pueda olvidar nunca, en gran parte por las cicatrices de las picaduras de mosquitos que me lo van a recordar eternamente es el que hicimos por el Pacific Spirit Regional Park y que lo terminamos casi a la altura de Jericho Beach. Esa sensación de estar en la playa, ver la ciudad tan cerca y justo detrás de ella unas montañas, y que en algunas de estas todavía tengan nieve en la cima…esa sensación no tiene precio. La crema para las picaduras de mosquitos…eso sí salió cara. Sin resentimientos.

Podría hablar de esos momentos en los nos equivocamos de camino y nos metemos en líos, (mamá tu olvida esta última frase) o cuando el típico señor canadiense de 70 años te adelanta subiendo unas escaleras y te dice: “keep going girl, you got it“, y lo único que se te pasa por la cabeza es: “…..fjsxu….fdwirs”. (Eso ocurre cuando no llega oxígeno al cerebro). O la manía que tenemos de empezar a hablar de comida española cuando son las 11 de la mañana y pasarnos el resto del día soñando con esa morcilla de burgos o con las croquetas de mamá y darte cuenta que lo único que llevas en la mochila es una miserable bocadillo. Ventajas y desventajas de la vida, no?.

Volviendo al tema con el que empezaba este post. Tengo un problema, me he enganchado a esto del hiking, pero ¿y lo bien que me lo estoy pasando conociendo gente nueva y sitios así de espectaculares?.  Además, a Guille y a Amagoia les encantan mis fotos.

La vida a veces te da sorpresas y a mi me ha dado una…resulta que me gusta caminar!!!

Abrazos a la canadiense

Una de las maravillas de viajar y conocer nuevos sitios y nuevas culturas es darse cuenta de lo diferentes que somos en nuestras relaciones sociales. Tan acostumbrados estamos en España a dar dos besos cada vez que nos vemos o nos despedimos de una persona, ya sea conocida, amiga o persona de paso en nuestras vidas, que cuando sales de nuestras fronteras te das cuenta que cada cultura se comporta de una manera diferente.

Aquí en Vancouver una de las primeras imágenes que me viene a la cabeza, en lo que a trato humano se refiere, es la cara de susto de un pobre chico asiático en el metro cuando Flavia y yo decidimos que todavía quedaba sitio de sobra en el vagón del Skytrain para nosotras. Hicimos lo que yo denomino un “Alonso Martínez a las 8 de la mañana“, es decir, entrar a saco y buscar una manera, cómoda o imposible, de entrar en el vagón y no quedarse en el andén esperando al siguiente tren. Aquel pobre chico, que espero que se recuperara del susto, alzo los brazos y puso cara de miedo al ver a dos chicas que iban a rozarle ligeramente para poder entrar en el vagón. El grito se le quedó en la garganta, el susto seguro que todavía le dura. Fue entonces cuando me dí cuenta que aquí lo del contacto humano no lo llevan muy bien.

Noe, otra madrileña en tierras vancuritas, me explicó nada más aterrizar que aquí el trato con la gente del lugar es muy diferente. Bien es cierto que los españoles además de gritones y de hablar mucho con las manos, somos muy besucones y de tocar mucho. En el buen sentido de la palabra. Aquí no. Dar dos besos a una persona. Uff, impensable. Dar uno, uff, pueden pensarse que les estás acosando. Dar la mano, a lo mejor, pero que el contacto sea inferior a un segundo y nada de dar un apretón.

Si te presentan a una persona local debes esperar a ver cual es su reacción ante la presentación. Normalmente es una media sonrisa y un “nice to meet you“, si es una persona muy extrovertida te da la mano afectuosamente y acompaña el gesto con, de nuevo, “nice to meet you“. No son muy de improvisar por lo que podéis comprobar.

Recuerdo la primera vez que quedé con el grupo de españoles que hay aquí y cuando iban llegando los chicos y se presentaban a las chicas muchos repetían la frase de: “cómo echaba de menos dar dos besos“.

IMG_8322Pero sin duda lo más divertido de ver, y de participar, es en lo que aquí denominan abrazos. Porque un buen abrazo es ese en el que abres bien los brazos y te unes como en una sola persona con el otro. Las cabezas encajan e incluso se apoyan en el cuerpo de la otra persona. Además el gesto en sí dura un rato. Con mucho cariño recuerdo los super abrazos que me dieron en mi fiesta de despedida mis amigos. Eso sí que son abrazos. ¡¡Pajarínnnn!!!

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Por supuesto, si el abrazo es entre dos chicos ves que se dan esos golpes machotes. Así son nuestros chicos españoles. Pues bien, lo que he visto en Vancouver está lejos de ser un abrazo. Para que os metáis en situación os lo explicaré de la mejor manera posible. Recordáis cuando ibais de campamento o en el colegio y os ponían a bailar por parejas cuando erais jovencitos vergonzosos. Ese momento de brazos estirados tocando los hombros de los chicos o la cintura de la chica. Ese momento inicial incómodo en el que no podías mirar a tu pareja de baile porque, ¡os estabais tocando!!. ¿Tenéis la imagen? Pues ahora llevarlo a la vida real de un adulto.

Por ahora solo había tenido el gusto de verlos desde fuero pero el otro día formé parte de uno de esos abrazos y fue la mar de divertido. El otro día coincidí con un grupo de gente que no era española, y tras pasar el día con ellos llegó el momento de despedirse y me dieron lo que ellos consideran abrazos. Se acercan tímidamente de una manera oblicua, Un brazo va por encima del hombre y el otro por la cintura, distancia entre los cuerpos de unos 30 centímetros al menos, cabeza lejos de tocar cuerpo contrario y mirada al infinitivo. Tiempo total de abrazo: 3 segundos si les has caído muy bien. Es casi una experiencia religiosa, y todo un reto no reírse. Pero oye, lo más importante es que si ellos te están dando un abrazo significa que les has caído muy bien. Es un paso muy importante en su escala de valores.

Así es el mundo en el que vivimos. Unos tan besucones y otros no tanto. Lo que estoy aprendiendo. Eso sí, cuando llegue a Madrid voy a dar abrazos de esos de verdad. De los que no se olvidan y con los que sin decir una sola palabra lo dices todo. Hasta entonces, me limitaré a aprender a mejorar la técnica del abrazo canadiense que aunque no lo parezca es complicada de realizar.

En la siguiente entrada del blog vais a alucinar con las fotos que voy a subir. Hasta entonces, el mayor de los abrazos.

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